Poder Joven: Construyendo el Perú desde sus regiones, frase interesante a reflexionar para que la juventud comience a sembrar los albores que el futuro necesita para que nuestros pueblos más olvidados encuentren en nosotros, la satisfacción anhelada de los hombres y mujeres que crecieron en nuestro país e iniciaron poco o nada por construir una región diferente.
La característica de muchos jóvenes en nuestro país que se preocupan por el ciudadano de a pie, pocos son. Participando en organizaciones políticas, sociales, y culturales que desde sus espacios insinúan colaborar con lo que nuestras manos y nuestros pies pueden hacer para darle una mirada distinta a los problemas que se presentan en nuestros pueblos.
La verdad es que la juventud ha ido ganando espacios a través de los años, ha sido el pilar fundamental para derribar dictaduras y las veces en que se ha querido violar los derechos fundamentales de las personas; en marchas, que como actores sociales hemos protagonizado. Hoy encontramos un Perú distinto lleno de esperanza con iniciativas, y muchos espacios en lo que se refiere a juventudes que se han ganado: mesa de concertación, organizaciones juveniles, redes naciones, redes regionales, y un cuestionado CONAJU; donde el poder joven y la globalización ha permitido articular a la juventud de hoy hasta a niveles internacionales que han dado pie a la adquisición de nuevas formas de mirar al mundo y a nuestro propio entorno. Con este panorama la juventud debe definir el compromiso con su país.
En muchos casos he escuchado decir: que la juventud de hoy está muy apagada, antes se hacían piquetes en las calles, se tomaban universidades con más frecuencia, hasta las armas en algunos casos y que la juventud ha adquirido una especie de pasividad ante hechos que suscitan en nuestro diario vivir. Más bien, diría, que los jóvenes que estamos involucrados en los partidos políticos y en el que hacer social de nuestro país estamos sintonizando con lo que necesita el país, unos que otros, tienen sus propias formas de creer que contribuyen a nuestro país con modelos distintos desarrollo, es verdad, pero debemos consensuar esos criterios distintos, para continuar con los buenos propósitos y lineamientos que le darán a nuestro Perú el sitial anhelado por todos los peruanos. De ser un país próspero y moderno.
Creo que la apuesta generacional en nuestro tiempo, es asumir la defensa de prevalecer un sistema político democrático, de consolidar la institucionalidad de la democracia que, lo venimos haciendo con los espacios ganados en nuestra sociedad y no permitir jamás arribar al poder dictaduras de todo tipo (derecha e izquierda), con políticas económicas desfasadas, que más que darle una oportunidad al más pobre, terminan convirtiendo la utópica prosperidad en problemas sociales y muy alejados del desarrollo socio-económico, político, cultural que nuestro país necesita.
La liberalización del Estado, del mercado, la libre acción humana debe ser el fundamento de desarrollo socio-económico de nuestro país acompañado de la responsabilidad social ineludible que debemos asumir todos los peruanos. Aunque muchas veces ha sido cuestionado este punto de vista por críticos de izquierda, quiero precisar que para un país encuentre el desarrollo y los jóvenes debemos custodiar esta senda. El Perú Joven debe hacer sostenible este marco legal, estás reglas de juego, que con el transcurrir de los años hemos ido aprendiendo para darle a nuestro presente el giro que necesita para nuestro futuro.
La adulto-cracia que ejerce la función pública confunde muchas veces al mirar de un solo ángulo al desarrollo de nuestro país y dicen: aumentemos los impuestos, tasas (municipalidades), aranceles, para que el estado tenga ingresos y pueda hacer más obras, no al TLC porque nos trae pobreza (dramatizado en teatro por los colegios estatales), las transnacionales vienen a quitarnos nuestra riqueza y se la llevan a sus países y nuestro mercado nacional con bajos precios se va a la ruina (el sermón del sacerdote en la iglesia),…etc. Y así una serie de falacias dogmáticas misma de una sociedad plagada de tradiciones con las que tenemos que luchar…y sobre todo con el parásito que vive del Estado y la educación de todos los peruanos, que, hasta hoy le ha hecho mucho daño al país lucrando con el dinero que aportamos al fisco y egresando de los colegios, universidades, a jóvenes perezosos de pensamiento que siempre esperan que el Estado hago algo por ellos.
El Poder Joven debe estar allí, involucrado en todos estos procesos sociales, en todo este tejido social que no le permite al Perú desarrollar e ir poco a poco minimizando el problema de la pobreza en nuestro país, que claro, no es el único mercado donde no llega el mercado pero que necesita mucho de los que al menos podemos comer, vestirnos, tener una hogar, acceso a la educación o salud. Este mercado de la pobreza donde se demandan los bienes y servicios con dos dólares diarios o uno por persona, ha sido vapuleado, cacheteado por políticos que solo buscan el lucro, donde ven un mercado más donde hacer negocio con la necesidad de estos hombres y mujeres. Donde unos ofertan demagogia y más demagogia y otros demandan ignorantemente de ese veneno indómito. Todo esto debemos de cambiar, pero no hay que pecar de eruditos o de dioses para solucionar todos los problemas de nuestro país porque las necesidades son amplias. Y una que es fundamental; el de aquellos hombres que creen ir con la verdad cuando el sendero es otro. Pecamos y nos auto exterminamos con un puñal por nuestras propias manos. El poder joven debe estar allí, donde el pobre en pensamiento, en espíritu nos necesita, pero es tan difícil ir en contra de esa telaraña que tiene que seguir pasando muchos años para que la educación y nosotros mismos desde nuestras organizaciones vayamos perforando ese tejido amalgamado duro de romper pero no irresistible a las convicciones y el compromiso social que debe tener el poder joven para con su país. El trabajo desde nuestras regiones no debe ser más que ir involucrando a muchos más jóvenes en la democracia participativa para que sepan que el Perú también es de ellos y que podemos hacer algo juntos por este país que poco a poco emerge y trae esperanza.
La característica de muchos jóvenes en nuestro país que se preocupan por el ciudadano de a pie, pocos son. Participando en organizaciones políticas, sociales, y culturales que desde sus espacios insinúan colaborar con lo que nuestras manos y nuestros pies pueden hacer para darle una mirada distinta a los problemas que se presentan en nuestros pueblos.
La verdad es que la juventud ha ido ganando espacios a través de los años, ha sido el pilar fundamental para derribar dictaduras y las veces en que se ha querido violar los derechos fundamentales de las personas; en marchas, que como actores sociales hemos protagonizado. Hoy encontramos un Perú distinto lleno de esperanza con iniciativas, y muchos espacios en lo que se refiere a juventudes que se han ganado: mesa de concertación, organizaciones juveniles, redes naciones, redes regionales, y un cuestionado CONAJU; donde el poder joven y la globalización ha permitido articular a la juventud de hoy hasta a niveles internacionales que han dado pie a la adquisición de nuevas formas de mirar al mundo y a nuestro propio entorno. Con este panorama la juventud debe definir el compromiso con su país.
En muchos casos he escuchado decir: que la juventud de hoy está muy apagada, antes se hacían piquetes en las calles, se tomaban universidades con más frecuencia, hasta las armas en algunos casos y que la juventud ha adquirido una especie de pasividad ante hechos que suscitan en nuestro diario vivir. Más bien, diría, que los jóvenes que estamos involucrados en los partidos políticos y en el que hacer social de nuestro país estamos sintonizando con lo que necesita el país, unos que otros, tienen sus propias formas de creer que contribuyen a nuestro país con modelos distintos desarrollo, es verdad, pero debemos consensuar esos criterios distintos, para continuar con los buenos propósitos y lineamientos que le darán a nuestro Perú el sitial anhelado por todos los peruanos. De ser un país próspero y moderno.
Creo que la apuesta generacional en nuestro tiempo, es asumir la defensa de prevalecer un sistema político democrático, de consolidar la institucionalidad de la democracia que, lo venimos haciendo con los espacios ganados en nuestra sociedad y no permitir jamás arribar al poder dictaduras de todo tipo (derecha e izquierda), con políticas económicas desfasadas, que más que darle una oportunidad al más pobre, terminan convirtiendo la utópica prosperidad en problemas sociales y muy alejados del desarrollo socio-económico, político, cultural que nuestro país necesita.
La liberalización del Estado, del mercado, la libre acción humana debe ser el fundamento de desarrollo socio-económico de nuestro país acompañado de la responsabilidad social ineludible que debemos asumir todos los peruanos. Aunque muchas veces ha sido cuestionado este punto de vista por críticos de izquierda, quiero precisar que para un país encuentre el desarrollo y los jóvenes debemos custodiar esta senda. El Perú Joven debe hacer sostenible este marco legal, estás reglas de juego, que con el transcurrir de los años hemos ido aprendiendo para darle a nuestro presente el giro que necesita para nuestro futuro.
La adulto-cracia que ejerce la función pública confunde muchas veces al mirar de un solo ángulo al desarrollo de nuestro país y dicen: aumentemos los impuestos, tasas (municipalidades), aranceles, para que el estado tenga ingresos y pueda hacer más obras, no al TLC porque nos trae pobreza (dramatizado en teatro por los colegios estatales), las transnacionales vienen a quitarnos nuestra riqueza y se la llevan a sus países y nuestro mercado nacional con bajos precios se va a la ruina (el sermón del sacerdote en la iglesia),…etc. Y así una serie de falacias dogmáticas misma de una sociedad plagada de tradiciones con las que tenemos que luchar…y sobre todo con el parásito que vive del Estado y la educación de todos los peruanos, que, hasta hoy le ha hecho mucho daño al país lucrando con el dinero que aportamos al fisco y egresando de los colegios, universidades, a jóvenes perezosos de pensamiento que siempre esperan que el Estado hago algo por ellos.
El Poder Joven debe estar allí, involucrado en todos estos procesos sociales, en todo este tejido social que no le permite al Perú desarrollar e ir poco a poco minimizando el problema de la pobreza en nuestro país, que claro, no es el único mercado donde no llega el mercado pero que necesita mucho de los que al menos podemos comer, vestirnos, tener una hogar, acceso a la educación o salud. Este mercado de la pobreza donde se demandan los bienes y servicios con dos dólares diarios o uno por persona, ha sido vapuleado, cacheteado por políticos que solo buscan el lucro, donde ven un mercado más donde hacer negocio con la necesidad de estos hombres y mujeres. Donde unos ofertan demagogia y más demagogia y otros demandan ignorantemente de ese veneno indómito. Todo esto debemos de cambiar, pero no hay que pecar de eruditos o de dioses para solucionar todos los problemas de nuestro país porque las necesidades son amplias. Y una que es fundamental; el de aquellos hombres que creen ir con la verdad cuando el sendero es otro. Pecamos y nos auto exterminamos con un puñal por nuestras propias manos. El poder joven debe estar allí, donde el pobre en pensamiento, en espíritu nos necesita, pero es tan difícil ir en contra de esa telaraña que tiene que seguir pasando muchos años para que la educación y nosotros mismos desde nuestras organizaciones vayamos perforando ese tejido amalgamado duro de romper pero no irresistible a las convicciones y el compromiso social que debe tener el poder joven para con su país. El trabajo desde nuestras regiones no debe ser más que ir involucrando a muchos más jóvenes en la democracia participativa para que sepan que el Perú también es de ellos y que podemos hacer algo juntos por este país que poco a poco emerge y trae esperanza.
Bueno man vales un Perú
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