
Hablar de la educación en el país, implica hablar, de nuestra herencia colonial; en la educación sumisa, nuestras trágicas costumbres embriagadoras de mediocridad, de baja autoestima y optimismo adormilado, traspasado de generación en generación; propias de la escolástica; que plantea la subordinación de la razón ante la fe.
Desde las posiciones más radicales sutepistas; inclinadas a las acciones mediáticas, dirigidas por representantes de la nueva izquierda; llámese toma de calles, y real oposición a los cambios meritocráticos, hasta los conspicuos defensores de las libertades a ultranza, que no le hacen bien a nuestro país, porque terminan finalmente transgrediendo los derechos fundamentales.
Es así, que en todos los certámenes orales, de intelectuales, de especialistas en la educación, de diagnósticos de niños, jóvenes y adultos, concluimos que los problemas sociales y económicos tienen como base primordial la educación. Poco o nada se hace por resarcir este flagelo, el que venimos arrastrando durante años.
Muchos nos hemos preguntados porque no se invierte en educación, si sabemos que ella es importante para nuestra mejor convivencia y la civilidad. Sencillamente porque no es rentable. Invertir en educación es invertir en un bien intangible, invertir en conocimiento humano, que no podrá revertir la inversión realizada en el corto, sino en el largo plazo. Y se sabe, que para dinamizar los aspectos económicos de la sociedad, la política económica; fiscal y monetaria deben estar abocadas, a generar una dinámica en el corto plazo, para que los sectores económicos, como: construcción, minería, pesca, y otros se concatenen y generen trabajo para la sociedad.
A esto se agrega que; dentro de los aspectos de la filosofía de la educación, muchos de nuestros docentes han sido educados en la escuela tradicional. Aquella escuela, donde la relación profesor-alumno adquiere una performance; vertical, excluyente, donde el docente es el transmisor y el alumno es el receptor. En esta Educación los contenidos y habilidades básicas trascienden a ser sencillamente: la lectura, escritura y calculo, y no a desarrollar las inteligencias múltiples como hoy ya se hace. A pesar de las numerosas capacitaciones que se dan con la nueva filosofía de la educación en este aspecto hablamos; de la escuela nueva. Nuestros maestros se resisten, a pesar que conocen la teoría, incluso; que utilizan algunas herramientas dentro de las aulas; sus posiciones ideológicas, son transmitidas a los alumnos. Y crean alumnos que piensan que todo lo debe hacer el estado, con concepciones paternalistas, con poco optimismo, a no creer que ellos puedan ser actores de su propio desarrollo y que puedan lograrlo si se proponen.
Por ello invertir en educación para los gobierno de turno no es sencillo, es toda una amalgama de concepciones ideológicas, que tienen que ser desterradas de nuestra clase política y de nuestro staff de docentes en el país.
Considero que es importante, hablar de la educación desde el punto de vista ideológico porque los problemas sociales planteados hoy como tal, se sustentan por concepciones anquilosadas del pasado colonial o de la educación marxista o mariateguista, que hasta hoy subyace y persisten en la memoria colectiva de nuestros docentes, y para ser más específico de nuestros amigos sutepista.
Al transmitir información trasnochada, propia de otra época a nuestros alumnos de hoy, nos genera una gama de problemas sociales; no a la minería, que no vengan las transnacionales, porque se llevaran nuestras riquezas, no a las hidroeléctricas porque se secan nuestros ríos, la contaminación, y sendas oraciones, que van en contra de nuestro desarrollo, atrasan y matan las esperanzas jóvenes de querer ser prósperos, sencillamente porque aparecen líderes con intereses creados.
Un país, moderno, civilizado, ya no debe estar en estas encrucijadas, propias de la educación pasada, sino optar por el bienestar, que se sustenta en el desarrollo económico y social, que todas las comunidades deben tener, utilizando las escasez de los recursos para optimizarlas y mejorar nuestra calidad de vida como ciudadanos.
Finalmente la educación en nuestro país, debe estar suscrita, a las órdenes de la nueva escuela que plantea: “que el niño pasa a ser el elemento fundamental de los procesos educativos y los programas y métodos deben de partir de sus necesidades”. Los profesores, no deben transmitir sus criterios de la educación tradicional en la que han sido educados, sino el pensamiento moderno, debemos adaptarnos a nuestras necesidades.
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